sábado, 25 de junio de 2011

El Mercader

       Ramàgoras habìa llegado de su viaje por Asìa, habìa pasado una temporada en Egipto y ahora por fìn llegaba a su natal Tracia, habìa vendido a uno de sus caballos en Bulgaria pues el negocio de comerciante le creaba una constante necesidad por hacer ventas, llevaba un carroaje de novedades y esencias, algunos perfumes, hierbas aromàticas, telas finas, artesanìas de otras tierras; Ramàgoras era un hombre osado y temerario, viajaba sòlo por el mundo antigüo y se habìa ya enfrentado distintas asañas, se habìa visto de cara con la muerte en distintas ocaciones y comenzaba a hacerse amigo de los problemas.
        Al llegar a Tracia, lo primero que hiso fue llegar a la plaza principal del poblado y darle de beber a su caballo, el intrépido Eritreo, un hermoso caballo marròn de cabeza pequeña y quijada amplia de una estatura media, muy esbelto, con un par de botas blancas en las extremidades traseras, el caballo bebiò hasta saciarse y ramàgoras que se notaba muy cansado decidiò apersogarlo en una plazoleta donde el zacate era totalmente verde, ramàgoras se subiò al carroaje y comenzò a organizar su mercancìa, planeaba hacer una temporada en la ciudad y visitarìa a sus parientes que vivìan no muy lejos de ahì.
        Ramagoras fue recibido por su prima Luboslia quièn le diò un espacio en la casa y le dio heno al caballo, Ramàgoras muy agradecido le ragalò un espejo de tapa que llevaba entre su mercancìa, tenìa grabada la imagen de una mujer en la tapa y Luboslia se notò encantada por el obsequio, Ella tras platicar con èl durante la comida lo habìa elogiado por su suerte al sobrevivir tantas aventuras por tierras lejanas, a lo que èl se limitò a responderle: no creo en la suerte confio mucho en mi sabidurìa
           Ramàgoras partiò desde temprano al centro de la ciudadela para armar una tienda y excibir sus productos, planeaba vender casi todo lo que con èl llevaba, pero al llegar al sitio donde los otros mercaderes se establecìan cada dìa se encontrò con Petar, un rival de la infancia que al igua que èl se dedicaba al comercio, se saludaròn como viejos amigos y Ramàgoras instalò su tienda muy cercana a la de Petar.
        Varias horas pasaron y ramàgoras habìa vendido una gran cantidad de artìculos, habìa vendido muchas hierbas y especias, telas y a Petar no le caìa en gracia la ventas exitosas de Ramàgoras, èste con las buenas ventas decidiò hacer una pausa y bajò sus cortinas por lo que decidiò dar un rondìn entre las demàs tiendas del tianguis para comprar algun  comestible.
         Cuando ramàgoras regresò encontro a varios guardias alrededor de su tienda, èl con asombro se acercò a  preguntar que era lo que ocurrìa y sin decirle màs fue apresado y llevado a las celdas de Tracia.
     Cuando ahì llegò se le acusaba de robar treinta Binios a Petar su viejo rival, quien era primo del alguacìl de la ciudadela, por lo que Ramàgoras serìa setenciado a perder su libertad.
      Pasaròn un par de horas y Luboslia llegò acompañada de su hermano Hristo, quièn defendìa la inosencia de ramàgoras ante las acusaciones falsas de Petar, pero la complicidad del alguacìl se notaba y Ramàgoras no solamente pensaba en que hacer, invocaba a la sabidurìa a travèz de Palas Atenea  para obtener una respuesta ante su conflicto, despuès de convocar a varios mercaderes para atestiguar sobre la inocensia de Ramàgoras el alguacìl habia notado que estaban divididas las opiniones, algunos mercaderes envidiosos por las buenas ventas de ramàgoras argumentaban en su contra y otros que lo habìan visto dar una ronda por las tiendas lo defendìan, por lo que el alguacil presa de la corrupciòn de Petar se acercò a Ramàgoras y le mostro dos trozos de papiro y le dijo que le dejarìan todo a Tykhe la Diosa de la Fortuna, asì que ambos trozos de papiro tenìan un veredicto, culpable o inocente y que èl escogerìa el resultado, de ser culpable serìa encarcelado por 3 meses en los calabozos de la ciudad como un vìl ladròn, el alguacìl le extendiò la mano con lso dostrozos de pergamino a Ramàgoras y en ese momento todo parecìa haberse congelado, las personas que lo acusaban y lo fendìan estaban con las bocas abiertas, otros cerrando los ojos, y el alguacìl extendìa la mano con los dos papiros, de pronto Tykhe una bellìsima mujer con una cornucopia y una rueda de madera apareciò frente a èl y se el acercò al oìdo:
-Es mas complicado d elo que crees- le dijo la mujer- aquì no hay diferencia alguna a tu destino, Palas me invocado para tu ayuda pues aquì no hay nada de justicia.
         Ramàgoras quedò impresionado por la apariciòn divina y con respeto se dirigiò a ella:
-¿A que te refieres hermosa mujer? ¿Què debo hacer ante tal injusta acusaciòn? ¡Soy inocente!
-Me temo que tendrè que consultarlo a  mi rueda si darte o no un consejo y todo despùes dependerà de que tan astuto te hallas vuelto por invocar a Pallas, pues debiste dejarmelo todo a mi desde un principio.
-Lamento no haber pensado en tì mi señora, dijo Ramàgoras con fidelidad, pero confiaba en que s eme ocurrirìa una soluciòn, cosa que no ha sucedido-dijo èl.
-Ni sucederà-espetò la mujer, quièn diò un giròn a su rueda,misma que contenìa unos extraños grabados con formas de animales y entonces,se detuvo ante los ojos del hombre y la mujer hablò:
Estoy de tu lado mi buen hombre,no debes temer,
la informaciòn que te darè tu la deveràs interpretar,
de las opciones que aqui tu puedes ver
ninguna te pordrà liberar
asì que es mejor pensar antes de
poder comer.
       De pronto un destello luminoso cegò a Ramàgoras y el Alguacìl le extendìa la mano y con brusquedad le gritaba que tomase uno de lso dos trozos de papiro, Ramàgoras contemplo el rostro de su verdugo y noto el camino cerrado que se le interponìa, gracias a la Diosa Tykhe, sabìa que ambas opciones eran culpable.
        Ramàgoras tomò una y todos guardaron silencio, èl se la llebò a la boca y sin chistar se tragò el trozo de papiro.
-¡Por Zeus! ¿Què te ocurre pedazo de ladròn? ¡Te has tragado tu veredicto! ¿Ahora como sabremos tu destino?- bufo y bramò el alguacil.
      Ramàgoras se inflò y respondiò: el destino y la fortuna ya me han hecho tragarme mi suerte y mis palabras, la soluciòn es fàsil, me he comido mi destino pero te has quedado con la inversa de mi veredicto, abre el trozo de papiro que tienes en la mano y asì sabremos que decìa el mìo.
      El alguacìl ante la cara de evrdugos de los presentes abriò el papiro y el veredicto era culpable, Ramàgoras sonriò y fue liberado.
      Pasaròn varios dìas y Ramàgoras recogio sus cosas de la casa de Luboslia, le agardeciò por todo lo que habìa hecho por èl despues de comer partiò con la la fortuna de su parte, no sabìa si la Diosa Tykhe se le habìa aparecido en realidad, si Palas Atenea le habìa mandado sabidurìa, solamente sabia que su vida era tan incierta como las respuestas de la rueda de la fortuna y emprenderìa un nuevo viaje hacia tierras lejanas.
     

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