Existía en el pueblo de Aridma un grupo de niños que les encantaba hacer travesuras, todo el tiempo salían a las calle a jugar canicas, al escondite y también a hacer bromas a los vecinos y amigos cercanos a donde vivían.
Al final de la calle vivía el Ogro del Baúl, un ermitaño que odiaba las risas, los juegos y sobre todo a los niños. Una tarde, los chicos salieron como era costumbre a jugar a las carreras y a los retos, esta ves consistía en una carrera de quién llegaba mas rápido de un extremo al otro de la calle.
Rumi era de los mas pequeños de la pandilla de juego y sus piernas aún no eran tan fuertes como las de sus amigos, por lo que al jugar siempre perdía en las competencias.
Cuando uno de los chicos se cansaba o se caía, todos le coreaban la típica canciónsilla de burla: "Lero lero, no ha podido, no puede aún, eres torpe como el ogro del baúl", Esa tarde, Rumi al perder la competencia desató que todos comenzaron a entonar el pícaro estribillo de guasa, y entonces pasó algo inesperado, el Ogro del Baúl salió de su desaliñado jardín y tomó a los 4 niños cantantes de los cabellos y los arrastró hacia el interior de su casa.
Rumi quedó inmóvil ante lo que ocurría con sus amigos, por lo que se quedó paralizado y tan pronto desapareció el ogro, él salió a la carrera hacia su casa.
En el interior de la casa del ogro, todo estaba sucio y sin vida, habían cachivaches por doquier y en la sala había un enorme baúl de roble, los niños imploraron libertad a lo que él ogro simplemente les respondió:
No gusto de los cantos, no gusto de los niños pero si de mi baúl, sean felices en el interior de él y que descansen por siempre ahí. Acto seguido los hecho al gran baúl y lo cerró con una gran aldaba, por si fuera poco les puso llave y la guardo en la bolsa de su roída y gastada camisa.
Los niños estaban desesperados y no sabían que hacer, solo podían pensar en Rumi como su única salvación, pero si era tan pequeño y lento era apocalíptico pensar que él sería el héroe de los ahora cautivos muchachos.
Rumi llego a casa se lavó el rostro y se miró al espejo e imaginó los cánticos de burla que durante todas las tardes le cantaban por ser pequeño y siempre perder, así que frunció el seño y decidió no ser más un perdedor, tomó varios juguetes de su habitación, algunas cosas de la cocina de su madre y las hechó en una mochila, tomó una caja de cohetes y petardos y salió al rescate de sus amigos.
Al llegar al jardín lóbrego y descuidado, Rumi sintió el frio pánico recorrerle la nuca e imaginó todas esas leyendas urbanas del Ogro del Baúl, en las que todas decían que el Ogro encerraba a los niños en un baúl gigante y nadie los volvía a ver, porque después de un tiempo se los comía en un acto de canibalismo.
Penso en sus amigos de juego y supo que si no los salvaba del enigmático vecino se sentiría culpable el resto de su vida y nunca más tendría compañeros de juego.
Rumi se colo entre hierbas y llegó a una ventana rota, se coló al interior y vio al ogro roncar plácidamente sobre un monte de periódicos viejos, se escabullo entre la basura que había en el piso y logró llegar a la sala del baúl.
Al interior se escuchaban quejidos y lloriqueo, así que tocó la tapa del baúl a manera de puerta y un sepulcral silencio se hizo en el interior. "Soy Rumi, vine a rescatarlos, no lloren mas", acto seguido se escucharon unos pasos aproximarse a la sala y Rumi corrió a esconderse bajo una empolvada mesa que tenía un mantel roído.
"Es tiempo ya de tomar los alimentos" dijo el feroz ogro del final de la calle, "tomare a uno de esos chicos que gimotean en mi baúl".
El interior del baúl, era mas grande de lo que aparentaba, era en realidad una especie de sótano que se conectaba con el piso de aquella sala en ruinas pero sin ninguna otra salida, los cuatro muchachos estaban temblando de miedo, pero uno de ellos decidió que no podían lloriquear y dejarse vencer así que ideo una estrategia de escape.
Debajo de la mesa Rumi esperaba que el ogro llegase a donde estaba el baúl para salir al ataque, el despreciable ser llegó a su objetivo y sacó la llave de sus ropajes y con poco cuidado y torpeza, abrió el candado y luego la aldaba abrió, seguido de la tapa de la celda de madera que contenía a los indefensos niños, tomó a uno de los cabellos y los otros se quedaron inmóviles del miedo cerró la cripta y coloco el candado de nuevo.
"Tu te ves mas sabroso, tienes unas mejillas muy regordetas y de seguro que eres un gran comedor de caramelos, lo que dará a tu carne un particular sabor dulzón" El niño gritaba y pataleaba, pero el ogro era en realidad muy grande, lo llevó a las ruinas de una cocina y lo ató a una silla mientras afilaba un gran cuchillo dándole la espalda.
Rumi, con el corazón hecho un tambor que incitaba a la guerra salió disparado a gatas hacia donde estaba su amigo, llegó y el ogro canturreaba una extraña canción siniestra y de palabras altisonantes, Rumí sacó una afilada navaja de afeitar de su mochila y cortó las cuerdas que tenían cautivo a su amigo, le hizo una seña de silencio con las manos y de la misma mochila extrajo una botella de manteca de cocina y la fue vertiendo por todo el camino donde ellos pasaban, ambos temblaban pues su vida corría peligro.
El ogro terminó su fúnebre ópera y con parsimonia giró hacia el asiento de su víctima y al no encontrarla la ira lo llenó hasta el tope. "¿Donde estas bocadillo?, no me gustan los juegos, no me gustan los ruidos, no me gustan los niños y a ti y a tus amigos comeré".
Los niños habían dejado un rastro de grasa y Rumi sacaba un atado de canicas que esparció cerca del baúl, se escondió detrás de una silleta rota y su amigo debajo de la mesa, Rumi exclamó casi a gritos: "Jamás me atraparas ogro asqueroso, mal viviente y mal oliente". El ser enfurecido salió a la carrera con el cuchillo en mano, "serás tu y tus amigos mi cena y desayuno" y al entrar al umbral de la sala, patinó sobre el piso polvoriento y tropezó con sus enormes pies.
Al caer al piso Rumi corrió hacia el cuchillo y lo introdujo en su mochila, el ogro aun aturdido no notó que le quitaban la llave del bolsillo y el amigo fue en dirección del baúl para abrir el viejo candado, al abrirlo lo guardó en el bolsillo, los niños dieron un salto de su celda y salieron disparados hacia la salida.
Rumi corrió tras de ellos y para su gran tragedia tropezó con su trampa de canicas y corrió la misma suerte que el ogro.
Al llegar a la callejuela canturrearon y lanzaron vítores, pero notaron que Rumi aún no salía de los aposentos del ogro, regresaron por él con cautela y notaron desde la ventana a un furioso ogro golpeándolo y atándolo a la silla de la cocina, uno de los niños notó que la mochila le había sido retirada y ahora se encontraba por encima de un mueble viejo cercano a donde el ogro golpeaba a Rumi.
"Debo ablandar tus carnes antes de comerte, y has sido osado al tratar de rescatar a tus amiguitos, pero de ésta no escaparás pequeño muchachito"
Entre llantos y quejidos Rumi vio entrar a los cuatro niños nuevamente a la zona de peligro y trataron de llegar a donde estaba la mochila, pero el ser despreciable los notó y corrió hacia ellos.
"Vaya, ha sido una buena pesca con tan pequeña carnada", los niños corrieron por todas partes y se dividieron en dos grupo, unos subieron las escaleras y otros se escondieron en el interior de una chimenea sucia y empolvada, el ogro subió las escaleras y los niños sucios corrieron hacia la cocina, los corazones querían salir del pecho de los niños y las pisadas del ogro retumbaban en toda la casa, cada paso hacía caer polvo del techo y cuando llenos de cenizas llegaron a rescatar a Rumi, tomaron la mochila y sacaron la navaja del interior, cotaron las tesas cuerdas y escucharon los quejidos de los otros dos que habían sido capturados por el terrible ogro.
"Y serán tres mis banquetes del día" dijo con ironía y como conejos los sostenía de cabeza, los tres que ahora estaban en la cocina, idearon una desesperada estrategia, el ogro se acercaba con sus amigos colgando de los brazos y un cuchillo en una mano, corría hacia la cocina y Rumi tomó valor y se pegó a la pared, mientras sus amigos se colocaban cada uno de una lado de la puerta sosteniendo retazo de la cuerda para que el ogro tropiece y en efecto funcionó, de nuevo la estela del ogro calló al piso haciendo retumbar toda la casa y los dos presos salieron volando por el aire cayendo cerca de una meseta de piedra con la que se golpearon las rodillas y brazos, en ese momento no lo notaron, pero el cuchillo afilado había degollado al victimario, los niños suspiraron y corrieron cojeando a reunirse en el umbral de la cocina, al momento que la bestia se ponía en pie con una fuente de sangre en el cuello, el pánico los invadió y corrieron tomados de la mano hacía la sala del baúl, Rumi abrió la oxidada aldaba sin candado y abrió el baúl, el ogro corría tras de ellos y a su paso dejaba un rastro digno de carnicería pero al llegar a la sala del baúl las canicas aún esparcidas por el piso lo hicieron perder el control de su masa corpórea que perdía sangre, los niños salieron de sus escondites próximos al ogro y lo empujaron hacia el baúl.
El ogro cayó dentro de su propia celda, y aún aturdido Rumi encendió los cohetes y los aventó al interior del baúl al momento que los otros niños cerraban la tapa, se oían los quejidos del agonizante ogro, colocaron la aldaba temblorosos y el candado cerraron y salieron disparados con el tronar de los cohetes y petardos en el interior de la nueva celda del moribundo ogro.
Cuando llegaron a la calle notaron que Rumi había prendido fuego a las pilas de basura y desde la calle notaron como se hacía una hoguera que sería el fin del Ogro y de su Baúl.
Hoy, los niños aún juegan en esa calle de Aridma, otros niños ya son, pero todos temen llegar al final de la cuadra donde hay una ruina de casa pues al canturrear por las noches el estribillo aún dice: "Si a la esquina llegas y ya es negro el cielo azul, puede ser que te retenga y te devore el fantasma del monstruoso ogro del baúl".
Fin