martes, 21 de junio de 2011

El andén sudoroso

         Se siente como la piel suspira y palpita con la bochornosa caricia de la nueva estación, unos dicen que es verano, yo le llamo simplemente "calor", es un momento del año en el que la tierra se encuentra mas cerca del astro rey, por lo que nos ahogamos en sus rayos que inhundan la ciudad como intentando hacer que todo sea pulverizado.
         Las ventanas se encuentran abiertas y en espera de que el viento quiera colarseles, pero todo indica que éste no trae intenciones decororsas de hacerles compañía a las gentiles anfitironas que decoradas de paños verdes insitan a visitarlas, le sonríen, como si quisieran mostrarle los calzones, pero el viento como todo un caballero, no planea encaminarse hacia ellas.
        La silla en la que me encuentro parece haberse encarnado en el final de mi espalda, las posaderas se convierten en silla y la silla en posaderas, por el medio de la espalda unas gotas de perleante sudor se deslizan en fantástico y frenético viaje hasta lo mas perdido de mis boxers y las axilas tristes y sofocadas dejan caer sus lágrimas de queja ante la eminente falta de ventilación.
         Es una ciudad hermosa, de paisajes pintorescos, de lindos amigos, de bellas artes y de cultura, pero no es una ciudad gentil con la piel de sus habitantes; sales, caminas, vanzas ante el amparo de las escurridisas nubes y sientes palpitacion de tus poros, como un hervidero antes de lanzarle las verduras, una sensación de tortura, pero que es parte de la rutina de salir al mundo real.
         Sin la automatización de aire y sus procesos electricos, las oficinas, los restaurantes, los comercios e incluso las escuelas serían uno mas de los escalones de cual purgatorio en la tierra, con sus ventiladores que parecen no revolucionar, esas aspas decordas con motas de polvo que giran al compaz de las mechas de cabello que se funden en la nuca haciendo sentir un paso nuevo en la evolución, no tener piel.
          En las casas que suelen ser de techos poco elevados, el castigo no es menos mitigante, autententicos calderos a la media tarde y enigmaticos hornos a la hora de dormir, no hay quién no sienta la pesadumbre de los parpados al intentar leer a media tarde en el colchón que se tiñe de cebaseo sudor al compás del segundero que irrita a quién escribe a cada paso que da.
          Los ruidos urbanos son el toque final para la estampa del "calor" un estación mas, que si te encontrarás en transporte público y tuvieses que recorrer mas de dos cuartos de hora, quizás termines con la cabeza dando tumbos por los hombros, al grado de la ausencia, sumergiendose a un ensueño de calor, un ensueño de pesades, donde el aire violenta contra el rostro, el sol violenta con el tono de la tez y las nubes se esconden ahí donde nadie las necesita.
¡Sea Bienvenido el Verano, el Calor! yo te recomendaría regreses en invierno, cuando hace mucho frío.

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