domingo, 19 de agosto de 2012

Los Dolores del Tiempo



            Han pasado ya varios años, desde que escuché decir a alguna tía queja sobre los dolores del tiempo, en aquella circunstancia, hacía referencia a su edad, a los momentos de bajón propios de esa etapa de la vida donde la juventud se ha ido y el ocaso se aproxima.
            Pero pasados algunos acontecimientos del mundo, en algunos medios  informativos noticiosos logré escuchar nuevamente la expresión que hacía un eco en mi cabeza, de nuevo era citado y con igual caótica altisonancia titulaban a la nota como los dolores del tiempo.
            Fue en ese instante cuando decidí que era momento de averiguar un poco mas sobre la expresión y fui adentrándome sin proponérmelo a una vertiginosa tormenta de frases, escritos, documentos, poesía, recortes y otros caprichos mortales de quién los llamaba de tal forma.
            Nunca imaginé llegar a los puntos históricos a los que me aventuré pues la expresión era más figurativa que una auténtica frase dominguera, hacía mucha referencia a los ancestros y estaba dotada de gran misticismo y religiosidad.
            La oración que encontré citaba algunos versos de conquistadores que nombraban a varias ciudades con el título de los Dolores y en cualquier momento, Dolores nos evoca una sensación poco agradable a cualquier ser humano, nos remite al sufrimiento, a la agonía, quizás nos aviente algo de castigo o simplemente un nombre femenino.
            Ahí las velas de mi barco fugaz comenzaron a izarse cuando leí el nombre de muchas mujeres de nombre Dolores; cantantes, escritoras, profesoras, ejecutivas, bailarinas y un sinfín de personalidades que la historia ha ido cultivando y llegué a la biografía de una dama en particular que causo un giro y sobresalto a mi cometido.
            Todo indicaba que la mujer había sido nombrada en honor a la fecha de su nacimiento que coincidía con el viernes de Dolores y entonces el tiempo regresó como una esfera giratoria y me transportó a momentos bíblicos, para ser más exacto, eran siete aquellos Dolores que hacía referencia el compendio de libros más antiguo y venerado del hombre, la biblia.
            Ahí, luego de una larga lectura profética y circunstancial, me sometí a una verdadera limpieza emocional, pues los Dolores era más que un plural de agonía y se convertían en auténticos pasos históricos en quién los mencionaba.
            Como a menudo ocurría con mis búsquedas, dejé asomarse al lado bohemio y encontré una carta a una region llamada Dolores, donde hablaba del tiempo y los sucesos ocurridos ahí y fue cuando en mí se disipó la nube de interrogantes y pude concluir la frase, era mas claro que un diccionario y mas lírico que un soneto.
            Los Dolores del tiempo, son aquellos momentos que se registran y causan una inevitable brecha, son todas las ceremonias a esos sujetos de la vida que llegaron a su fin siendo correctos, son todas las ciudades que se llaman de esa forma y que hacen de un percance una verdadera festividad, no fueron los dolores propios de mi alma, los que me llevaron a encontrar los dolores de la vida, ni estos a su vez los dolores de la historia, pero sí todo momento que invertí en esa insaciable búsqueda de respuesta los que al concluir la página se convirtieron en el tiempo mismo, fueron otros los que los sufrieron, fueron otros los que los lloraron, pero fui yo quien los entendió y les dio una razón más para ser nombrados de esa forma.
            Hoy son estelas de momentos, nombres y recuerdos, lugares y sujetos, vivencias y contratiempos los que nombran a éstas líneas los Dolores del Tiempo.