viernes, 22 de julio de 2011

El Misterio de la Torre

          Con una antorcha en la mano y la espada en la otra y tras haber atado a Jimoteo nuevamente a un costado de la torre, Erniel bajaba por el túnel de escaleras húmedas y llenas de maleza para encontrar como subir a la torre, bajó unos quince escalones y el suelo empedrado se sentía no muy seco, caminó a paso lento y en sus adentros Erniel solamente pensaba en la mujer fantasmal del sueño, realmente temía encontrársela en ese pasadizo subterráneo, pues contra aves salvajes y lobos gigantes podría combatir ¿pero que haría en contra de un espectro no viviente?, caminó sigiloso unos diez metros hasta que llegó a una gruesa puerta, tenía un candado enorme, pero el príncipe  con la empuñadura de la espada golpeó con fuerzas rompiendo el seguro y éste cayó a sus pies, empujo la puerta y ésta sin querer ceder se abrió y mostró un caracol de escaleras hacia arriba que parecía interminable.
           El joven príncipe, comenzó a subir, pero después de unos minutos sentía el agotamiento, no había pasado mucho rato desde que logró matar un huargo enorme y ahora subía ésta columna de piedra interminable, no tenía ninguna ventana y se sentía un bochorno por el fuego de la antorcha, Erniel no se deba por vencido y mientras subía pensaba en la princesa que se alegraría de su rescate, imaginaba su regreso a su reino y la sonrisa de su padre, también pensaba en sus clases de escritura y lectura, recordaba las lecciones e historias de los bardos de Forjonia, donde siempre el héroe era su padre le rey Raclovio, y por fin Erniel, el primogénito sobreviviente a las funestas profesías ahora regresaría a su natal tierra de la mano de una princesa.
          Subía cada vez con mayor dificultad, hasta que logró divisar otra puerta, entonces la empujó de una patada y se encontraba hora en la parte mas alta de la torre solitaria en medio del bosque embrujado y habitado por criaturas feroces, habían unas grandes cortinas y tras ellas ventanas, de prisa las abrió y su vista se perdió en el lejano horizonte que mostraba las verdes copas de los árboles y el lejano mar Austral.
           En la habitación circular había una gigantesca cama con dosel y cortinas, Erniel supuso que la doncella esperaría dormida, pues el sol recién había salido, se aproximó a la cama y movió las cortinas para poder mirar a su futura reina, entonces Erniel quedó petrificado ante el extraño bulto en la cama, era una serpiente enroscada de colosales dimensiones, dormía o al menos no mostraba movimiento alguno, El príncipe repaso sus últimos combates con criaturas de gran tamaño, pero una serpiente era ya una burla del destino, entonces, se hechó para atráz y la serpiente se levantó ante él y abrió las fauces y la habitación se oscureció, Erniel escuchó una voz que antes había oído y esta en susurros de la boca de la serpiente le dijeron:
-Eh dicho que te marcharas y que ninguna princesa habita éste lugar, soy Joboga la emperatriz de ésta torre y por tu obstinado capricho de subir hasta mi lecho serás devorado como lo han sido todos los ingenuos aventureros que confían en las leyendas ridículas.
Erniel estaba en completo transe ante la serpiente que lo miraba y le sacaba la lengua, empuño con fuerzas su espada y le respondió al endemoniado reptil: ¿Qué has hecho con la princesa Amarena? dijiste que tenías a tu sobrina cautiva aquí.
- Te he dicho que logró escapar hace mucho tiempo y desde entonces sujetos tontos e ingenuos a han venido a mi torre, pero ninguno había logrado subir, así que hoy no tendré que alimentarme de algún animal si no de tu alma príncipe arriesgado.
-¿Cúal es el secreto de tu torre? replicó Erniel, Me has dicho que eres la protectora de los secretos de tu torre, si he de morir para servirte de alimento, quiero al menos saber que escondes en éste lugar.
        La serpiente bajó la cabeza y el susurrar se convirtió en palabras, la sepreinte tomó la forma de la anciana que el príncipe había visto antes y luego se convirtió en la hermosa mujer que había visto en su sueño, esta en un canturreo casi hipnótico le contaba a Erniel la historia:
-Veras yo fui una hermosa princesa que enviarón por órdenes de su madrastra a habitar ésta olvidada torre, construida por mi abuelo para pasar sus últimos días antes de morir de la terrible peste y lo mismo hiso mi padre; la historia que te han contado ha cambiado de nombres pero realmente Amarena era mi hermana menor que vino a rescatarme ya que ningún príncipe se atrevió a desafiar a las bestias que custodian éste bosque, existen aves gigantescas, lobos colosales y criaturas que no son de éste mundo, Amarena vino a rescatarme y llegó hasta la torre, pero los embrujos de nuestra madrastra impedían que dos mujeres pudieran compartir la torre convirtiéndome a mí en ésta serpiente insensible, al llegar ella a la torre y transformarme en éste horrible ser, decidí esperar a que ella entrara y yo bajar por las escaleras, pero fue inútil, Amarena se distrajo como tu, viendo el horizonte por la altura de éste lugar, pero un Joven la siguió desde la Aldea, un desgraciado Joven que me atacó al llegar a la segunda entrada y me dejó inconsciente, tomó a mi hermana y huyeron dejándome en este terrible lugar como condena a pasar el resto de mis días, por las noches mi alma logra dejar el cuerpo de la serpiente pero siempre al alba regreso a mi cuerpo reptil y ahora tú serás mi alimento.
Erniel tomó con fuerzas su espada y le dijo que no estaba dispuesto a perder la vida por ese abobinable ser, asì que lanzó la antorcha a la cama y en ésta se hizo una hoguera, la mujer volvió a su apariencia de serpiente se levantó y brincó hacia el joven y éste empujó la puerta de salida, descolgándola del golpe, se puso sobre ella y bajó las escaleras sobre la puerta a toda velocidad, la serpiente bajaba las escaleras reptando para intentar alcansarlo, Erniel llegó a la segunda puerta, la cerró y corrió a la entrada, no se detuvo hasta llegar a dónde esperaba Jimoteo y sin pensarlo un minuto más salió a galope veloz de aquel claro con rumbo hacia el sur.

Llegada a la Torre

    Jimoteo salió disparado hacia dónde la luz reinaba, y al atravezar unos arbustos, Erniel quedó sorprendido; en el claro había una sola torre, altísima, que pasaba por mucho las copas de los árboles, medía quizás 30 metros de altura o más, la princesa Amarena estaba muy seguramente en lo alto de la torre custodiada o quizás simplemente sola en medio de la nada. La torre lucía muy antigua, tal vez fue hecha desde el siglo pasado, tenía un color mohoso y no se veían indicios de alguna puerta cercana, Erniel bajó de su caballo y comenzó a cortar la hierba alrededor de la torre, quizás habría alguna pista de como llegar hasta la parte mas alta, cortó y cortó durante horas y poco a poco el claro se notaba mas limpio, pero Erniel comenzaba a cansarse sin resultado alguno, de pronto, notó que la luz del sol era cada vez menor y que el ocaso se aproximaba, así que tomo algunas ramas, de su saco algunas mantas y montó una tienda para pasar la noche.
        Con destreza logro hacer una fogata al pie de la torre y ató a Jimoteo en unas piedras prominentes de un costado de la enorme construcción, Erniel sentía mucho pavor, estaba ahí sumergido en el centro de un bosque lejano a casa, buscando a una princesa, con su padre enfermo y probándose así mismo lo valiente que podía ser, conforme la penumbra se apoderaba del lugar, Erniel sentía el cansancio en sus hombros, le deseo buenas noches a su leal bestia y entro a dormir a su tienda.
        De pronto una luz verdosa quemaba los párpado cerrados del príncipe, Erniel abrió los ojos y notó una heladés extraña, el clima le oprimía el pecho, salió de su refugio y su sorpresa fue total, había una mujer de rostro hermoso y cabellos grises caminando alrededor del claro, Erniel notó su vestimenta y se notaba rota y gastada, ¿Princesa Amarena? preguntó el joven y la mujer se aproximó hacia él.
-¿Quién eres tu extraño? cuestionó en un tono casi susurrante la mujer.
-Soy Erniel príncipe de Forjonia y vengo a rescatar a la princesa que se encuentra cautiva en ésta lejana torre. La mujer comenzó a reír a carcajadas y su apariencia cambio de pronto a ser la de una horrible anciana que al dejar de reír volvió a ser la hermosa figura que Erniel contemplaba.
-¿La Princesa dices? intrigó a Erniel. Jamás ha existido tal cosa en éstos lugares, mi nombre es Joboga, reina de la noche y custodia de los secretos de ésta torre, ¿sabes?, quizás llegaste un poco tarde Joven Príncipe, pero la última damisela que estuvo aquí fue mi sobrina y fue rescatada por un habilidoso sujeto que logró burlarme tendiéndome una trampa y desde entonces vago sin rumbo por éste bosque.
Erniel sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, era un espíritu, seguramente era de la bruja que capturó a la princesa o a la damisela o quizás era parte de los embrujos que la madrastra había colocado en el bosque.
-Pues no te creo nada, y ¿sabes? subiré a esa torre y sé que hasta ahí arriba estará mi futura esposa esperándome.
-¡Vaya que eres imprudente! replicó la mujer, deberás marcharte cuanto antes si no quieres sufrir una muerte dolorosa.
         Erniel abrió rápidamente los ojos, estaba sudoroso y angustiado, todo parecía haber sido un sueño pero al sentarse escuchó un sonido de la noche que no le agradó del todo, estaba seguro que era el aullido de un lobo, salió de la tienda y notó que podría amanecer en cualquier momento, el mal sueño aún lo tenía perturbado y no dejaba de imaginar a la mujer que se le había aparecido, entonces el aullido cada vez mas cercano lo puso en alerta y despertó a Jimoteo, se subió al lomo y entonces lo vio venir, era un lobo gigantesco, ¡Un Huargo! le dijo a su fuiel bestia y entonces el canino aulló a unos metros de donde Erniel se encontraba, el animal corrió al ataque hacia Jimoteo quién lanzó un sonido de queja al resoplar, entonces  Erniel tiró de las riendas con mucha fuerza y el caballo comenzó la carrera, el lobo los perseguía de cerca y la luna aún iluminaba el cielo, Erniel daba vueltas en círculos alrededor de la torre y su depredador los perseguía, Erniel tenía el rostro empapado del sudor de tantos nervios y sentía que su amigo no podría ganarle la contienda al feroz lobo que mostraba las fauces y gruñía mientras mas era la proximidad, el joven sabía que la única solución era enfrentándolo, entonces, de la espalda hacia el frente sacó su espada y en un requiebro dejó de rodear la torre para alejarse de ésta, el huargo, siguió la ruta y Erniel se aventó de la montura.
         Lentamente veía como se aproximaba a las fauces de su rival, el príncipe caía en diagonal con el impulso de la galopada de Jimoteo ahora lejos de él, empuñó su espada hacia el frente y al colisionar ambos, la filosa arma atravesó el hocico del lobo y el brazo de Erniel casí se sumergió en las profundas y funestas mandíbulas, giraron en el piso y Erniel cayó de rodillas junto al cuerpo destazado del atacante, la sangre del animal escurría por el filo de la espada y se combinaba con el sudor de la frente del empoderado caballero, Erniel se puso de pié y bajo él algo crugió.
          Lentamente la mañana despejaba las tinieblas del claro y a patadas y jalones el jóven arrastraba el cadáver de su atacante para limpiar la superficie que mostraba vacío bajo él, el animal era muy pesado pero logró moverlo, al cortar la maleza de donde la bestia estuvo notó una armella grande en el piso y por mas que intentó no pudo abrirla, ató una cuerda a la manzana de la montura y con la fuerza de Jimoteo se arrancó una puerta de madera gruesa y desgastada, a sus pies tenía unas escaleras, se encontraba a unos diez metros de la torre y estaba seguro de que ésa era le entrada.
          El príncipe fue a toda velocidad hacia la casi extinta fogata y tomo un leño aún encendido, tomo hojarascas y se hizo de una antorcha para entrar en el túnel lejano a la torre que apuntaba a ser la entrada.
       

Encuentro con la Moat de Rapiña

       Erniel partió de Forjonia con los fulgurosos rayos del sol de mayo agrediéndole la cara, pero decidido a honrar la vida de su padre y convertirse en lo que tanto anhelaba, partió montado en Jimoteo su caballo, un tordillo palomino que su hermano había criado desde pequeño, llevaba consigo las cosas para emprender su viaje, una espada ropera, un saco al hombro con toda clase de utensilios, su escudo, un mapa del mundo antiguo y todo su heroísmo recién nacido ante la adversidad.
       Después de dejar el reino llegó a una aldea poco poblada, donde preguntó acerca de una princesa que pedía ser rescatada, la princesa Amarena, según los habitantes de la aldea había sido internada en el bosque quince años a tras por su malvada madrastra la reina Joboga y había enviado a sus súbditos a embrujar el bosque, Erniel sintió la aventura en cada fibra de su ser y algo le decía que era la situación perfecta para lograr su cometido, de seguro la princesa sería encantadora y aceptaría casarse con él si la rescataba.
        Erniel se internó en el bosque, era lúgubre y oscuro como los aldeanos le habían advertido, se respiraba un frío seco entre los ensinos y Jimoteo parecía no querer avanzar; pasaban las horas y se internaba cada vez más en el bosque sin enontrar ningún indicio de la princesa, hasta que de pronto un ruido abrumador se escucho entre las copas de los árboles.
         Al príncipe le corrió el gélido sudor del temor por la espalda y venciendo sus miedos se atrevió a preguntar: ¿Quién anda ahí?, entonces un chirrido de espanto reventó el silencio y bajó de las copas un ave gigantesca, con las patas alargadas de color naranja, escamosas y delgadas, era casi del doble del tamaño de Jimoteo quién relincho y se poso sobre sus patas traseras, Erniel se alarmó y para darse valor le pidió quietud a su noble caballo; de su espalda desenvaino su espada y tratando de ver bien al ser que lo atemorizaba confirmo su sospecha, era una Moat, terrible ave de rapiña que se creía extinta, Erniel acudió al encuentro y se topó con el afilado pico del monstruo que tenía un aspecto mas reptil que emplumado, el joven atacó primero lanzándole un fuerte espadazo en el pico mismo que fue contraatacado de manera inmediata, el pico golpeo el costado de Jimoteo y Erniel salió disparado por el aire.
          Con un intrépido salto Erniel se puso de pie y regreso a donde estaba el ave chirriando y moviendo la foresta con un aletear imparable, el joven temeroso pero osado tomo la espada y con todas sus fuerzas se lanzó hacia las largas patas de su amenaza, logró despojarla de una y un fuerte aleteo y mas chirridos ahora de dolor enmarcaron el bosque, un chorro de sangre comenzó a formar un charco a los pies del príncipe y recibió un picotazo en el brazo que apenas y pudo esquivar rosandole el hombro, Erniel se aferro al pico y montó al ave coja que revoloteaba sin parar, al caer en su espalda sembrò su espada con poderío y el ave se desplomó en el suelo en señal de victoria para el príncipe.
          ¡Lo logré!, le grito Erniel al caballo que parecía mirarlo con incredulidad, ¡he matado a ésta terrible bestia! y aún con la adrenalina por todo el cuerpo degolló al ave y tomo algunas plumas largas de su cresta para guardarlas en el saco.
           Erniel siguió su andar por el bosque y pensaba que una Moat no nadaría sola por ahí y que de seguro habrían más, caminó por sigilo y a lo lejos vio un claro entre los árboles o quizás el final del bosque, tiró de sus riendas y Jimoteo salió a galope para llegar a la luz.

Principe Caballero Guerrero

      En una época pasada, dónde los hombres eran mas osados y aventureros, dónde los valientes eran héroes y los cobardes simples sujetos, existió un príncipe, un príncipe muy peculiar, ya que los príncipes estaban destinados en su tiempo a ser heroicos, a ser tenaces, a ser miembros de órdenes reales, donde al pasar el tiempo se convertirían en reyes y gobernarían con toda la sabiduría y habilidades que habían adquirido.
       No era el caso de Enriel, él era un príncipe diferente, él era el heredero al trono de Forjonia, el reino del rey Raclovio, rey valiente, que había rescatado a su pueblo en diferentes combates, había logrado sacar a los invasores y con sus conocimientos en herbologìa y ciencias humanas, habia logrado detener una terrible epidemia, pero esos tiempos de pesadumbre habían temrinado para el reino, al menos hasta esos días en los que Raclovio gozaba de buena salud, pues con el pasar de los años, los actos de valentía y heroísmo terminaban por consumir a los reyes que habían sido en su juventud, esos legendarios príncipes de historias cargadas de valores, aventura y hazañas, donde rescataban a las princesas y damiselas en peligro, esas historias donde los hombres se hacían acreedores del término.
       Raclovio, si buen padre había sido con sus hijos, no lo había sido al educar a Erniel el mayor de dos, debido a su carácter heroico lo había sobreprotegido a de todos los peligros, había evitado que se fuese de cacerías, que luchase contra delincuentes y había impedido que surcara los mares en búsqueda de riquezas para el reino, no asì con Moreo, hijo menor, quién hacía todo lo que a su hermano le estaba impedido por el padre.
        Pero Erniel no había sido privado de todas esas aventuras en vano, Husamara, la profeta del reino al nacer el hijo primogénito de Raclovio, habìa presagiado su muerte en edad temprana y éste al temer por su herencia lo había aislado del mundo de la aventura, pero compensado esa libertad con los mejores maestros de la época, Erniel era un artista verdadero, pintaba, esculpía, escribía poesía, sabía de herbolaria y tantas artes de su tiempo a las que pocos quizás tenían acceso a una, pero él podía hacerse del conocimiento a su antojo debido a su condición profetizada.
        Moreo idolatraba a su padre por no tenerlo cautivo como a su hermano mayor, por lo que siempre andaba por todas partes de aquellas lejanas tierras, él era una venturero, un soñador, un buscador de tesoros y acredor de su propia riqueza, las únicas enseñanzas que compartían él y su hermano eran las del uso de la espada, eran extraordinarios espadachines, aunque Moreo siempre ponían en práctica sus habilidades y Erniel no.
        Moreo había partido a las islas lejanas pues decían que había un monstruo que las aterrorizaba, por lo que quería ser el salvador de dichos lugares, así que emprendió un viaje y se despidió de sus padres, al poco tiempo el rey Raclovio quizás por tristeza o por el resultado de su juventud tan extrema ya extinta, cayó en debilidad, muchos fueron los remedios de Erniel por sanar a su padre, pero con el paso del tiempo, éste solo empeoraba, Raclovio envuelto en una agonía que no parecía tener fin, sentencio a Erniel al heredar su trono, poniéndole como único requisito que se casara con una princesa verdadera, princesa digna de ser reina de Forjonia, como lo había sido su madre, y para ello, después de burlar las profesias  de su muerte, era momento de convertirse en un caballero y emprender un viaje en búsqueda de su propia princesa, Erniel sintió lo que los hombres llaman temor por primera vez y el hombre que lo había protegido de los temores era quién ahora lo orillaba a enfrentarse a éstos.

domingo, 10 de julio de 2011

Cura a la Antigua

        La risa, es una medicina natural del cuerpo humano, es por ello, que  reír siempre que se pueda, debe ser una prioridad de todas las personas.
       Estando haciendo un trabajo para la universidad con dos de mis mejores amigos, Clarimione, sintió dolores de cabeza, se quejaba de estos y no se concentraba a trabajar, podría deberse quizás a la falta de un desayuno y ya nos encontrábamos pasadas las dos de la tarde.
       ¡Ve por aspirinas! le grite a Rod, que no dejaba de contemplar a Clarimione en gesto de preocupación; Rod llegó con una caja de color verde que contenía la dichosa cura para el malestar de Clarimione, ¡Pero te tomas dos! le dije, sonando como un autentico Galeno especializado en dolores de cabeza.
         Pasadas varias horas de haber trabajado, tomado fotografías, llegar a un acuerdo sobre como nos disidiríamos el trabajo, noté que era hora de irnos, pues mi entrada a la empresa en la que laboro estaba muy cerca y el camino era muy largo, guarde mis cosas en mi mochila, cablerìos, cámara, y demás gadgets y entonces, sentí esa punzada de la cabeza, ahora yo también tenia dolor.
¡A mi no se me ha quitado el dolor y hace horas que las tomé! dijo Clarimione, en gesto de incredulidad, exigí tomarme también dos de las milagrosas tabletas de ácido asetilsalisìlico, Rod me arrebató la caja como impidiendo un gran asalto a  un banco y con tono altivo dijo: ¡Pero solo tomarás dos!, con mueca de desapruebo al comentario le dije que realmente solo necesitaba dos aspirinas, que no me llevaría la caja y él, se fue hacia su habitación por mas cosas para partir.
        Desde niño he tenido precaución con los señalamientos de las medicinas y las indicaciones de uso, así que leí la caja y comencé a reír, ahora entendía porque no le había hecho efecto, ¡Son de niño! le grite a Clarimione, y las risas de ella y yo rebozaron la sala de la casa de Rod, no conforme con el diseño de la caja y la leyenda "aspirinas para niño" seguí leyendo y en voz alta le recité a Clarimione: ¡para niño de 2 a 3 años! y las risas incrementaron, seguí con mi curiosa obsesión con la caja y mis risas se convirtieron en sonoras carcajadas, no podía dejar de reírme, ¿Què te pasa? pidió expolición mi amiga, y me era imposible responderle, insistía en una respuesta y Rod apareció y se unió a la sonrisa producto de las risas mías y me pregunto ¿de que te ríes?, a lo que le respondí con mucha dificultad entre mi mar de gritos y risas efusivas ¡Sòlo mira la caja!, Rod, la tomó y comenzó a leerla y al llegar a esa parte la cual era el origen de mi necedad, exploto a carcajadas de igual manera.
         Clarimione se desespero y nos insistía "Ya díganme de que se están riendo, ya se que son de niño", en ese momento mis risas ya parecían descontrolarse y el abdomen me dolía, Rod estaba destinándose del librero, nuestras risas eran un escandalo, Clarimione se despareaba e ínsita ¡Ya díganme de que se ríen!, en ese momento Rod, le lanzó desde el lado opuesto de la sala la caja de pastillas y le grite ¡la caducidad!, Clarimione comenzó a reír con nosotros: ¡Caduco en 2001! "Son retro" dijimos a unisono y las risas duraron muchos minutos mas, recordamos el gira tiempo de "Harry Potter" y no parábamos de reír.
          Los momentos mas divertidos son lo espontáneos en compañía de las personas a quien quieres y si el dolor de Clarimione no se curó con las aspirinas, al menos se le olvidó con tantas risas.

sábado, 2 de julio de 2011

Necesito Vacaciones!

         Tuve que llegar a mi blog, porque en el muro del Facebook, no serìa suficiente el espacio y ni que decir del Twitter; necesito vacaciones, pero de las vacaciones de verdad, urgen, son necesarias, necesito vacaciones de esas en las que no piensas en que hacer al dia siguiente, donde no hay un plan, de esas vacaciones donde el tiempo es un niño que juega con su pelota y corre tras de ellas hasta que se aburra, necesito vacaciones de esas en donde comes lo que encuentras, a la hora que sientas hambre y miras televisiòn cuando estas harto de dormir, son necesarias esas vacaciones como cuando era niño y no importaba una agenda de trabajo, donde no importaba que se harìa horas mas tarde porque era exactamente igual dos minutos atras que dos horas despues; necesito vacaciones, de esas que cuando quieres te bañas y cuando no quieres hacerlo no lo haces, para estar en casa, para leer un libro hasta terminarlo y despùes otro y quizàs otro hasta que se acabe la luz del dìa, necesito vacaciones de esas que sabes que no terminaràn pronto, no de esas cuando sabes que tienes una semana o un par de dìas, necesito vacaciones de verdad, de esas en las que puedes ir a un parque a a costarte en el pasto, en las vacaciones en las que te vas de excursion con tus amigos, vacaciones en las que organizas fiestas, vacaciones en las que te reunes con tus amigos a platicar, a ver una pelicula, vacaciones para jugar, jugar juegos de mesa, divertirte, vacaciones en las que rìes, en las que estas serio y todo puede ser en cuestion de minutos, vacaciones para estar en casa con tu padre y tu madre, para sentirte que ellos disponen del tiempo, vacaciones de esas que cuando sabes que se van a acabr gritas ¡no!, esas que cuando estan por terminar, te preguntas que demonios has hecho de util y realmente no te importa porque la has pasado ¡bomba!
¡Còmo extraño tener Vacaciones! vacaciones reales, vacaciones sin limite de tiempo aparente, pero hoy, solo me queda escribir que las necesito y recordar que las he tenido, necesito vacaciones para poder escribir otro dìa, las vacaciones mas emosionantes de mi vida!

Guerra Literiana part 3

          Los rayos del sol quemaban mis pàrpados, abrì los ojos con brusquedad y era el ùnico que quedaba en el pabellon, todos ya estaban desayunando o ya se habìan ido a hacer alguna actividad encargada por la Abuela, bajè a la improvisada cocina y ahì estaban las esposas de los cazadores aseando y preparando màs huevos, algunas de ellas habìan ido a los restos de sus casas y trageron gallinas al Templo Azul, tambièn tenìamos perros, un par de cerdos flacos y siete vacas que nos daban leche, esas eran de los monjes y habìan sobrevivido al incendio, Las mujeres mayores no bebìan la leche pues decìan que las vacas habìan generado mucho susto durante el incendio y la leche estaba mala, pero con tanta hambre nadie escuchaba esos sustos y todos la bebìamos sin averiguar sobre las emosiones de las vacas del corral.
           Comì moderadamente como todos lo hacìan, la Abuela me señalo con su huesudo dedo y me acerque a donde se encontraba sentada, me susurrò al oido: -Ralec, debes ir a los escombros de tu casa, tus padres tambièn tenìan una biblioteca privada que pòdrìa tener algo importante, pausa por hoy tu bùsqueda en la biblioteca principal y si en tu casa quedan utencilios para al cosina, tràelos, no tenemos casi nada- asentì a lo que ella decìa, me trataba como si enverdad fuese mi abuela, no podìa negarme a su dulce tono de voz, por lo que me acerquè al los jarrones del patio para lavarme la cara beber algo y salir hacia mi casa.
         Caminaba cuesta abajo, aùn habìan cuerpos en las calles en descomposiciòn, era un panorama desagradable y apestoso, habìamos rociado con cal, los cadaveres muy descompuestos, habìamos hecho ya una cripta comùn, pero entre los escombros habìan màs y màs personas que no pudieron salir; mi casa estaba lejos del Templo Azul, estaba muy cerca de las escuelas y ya que la Abuela me habìa enviado hasta ahì, no me costarìa nada entrar a las ruinas de los colegios para encontrar algùn libro.
         Ahì estaba parado frente a mi casa, de dos plantas y ahora estarìa reducida a piedras, maderos y polvo, el portico estaba de pie, la pared que daba hacia la calle tambièn, pero estaba casi seguro que por dentro serìa un caos, la puerta derribada a golpes me invitaba a entrar, me sentìa como un invasor, auque esa era la casa de mi familia, llegue a la sala y todo estaba quemado, los muebles, las vitrinas estaban rotas a golpes, los Ignoratios se habìan tomado la molestia de saquear nuestros bienes, lleguè a donde estuvo la cocina y era un cuadro de piedras y polvo, no quedo nada, la vista no me dejaba ver màs allà de la puerta de las ollas y sartenes me agachè a levantar algunos cubiertos y los fuì guardando en mi morral, las escaleras estaban a mi derecha, no se notaban muy solidas, pero arriba estaban las habitaciones y la biblioteca de la casa, subi con la precauciòn de que en cualquier momento podrìa caerme en una cascada de polvo y al llegar arriba escuche sonidos que me pusieron alerta.
         Caminè lentamente con sigilo y temor ¿Què podrìa estar ahì arriba en mi casa destruida?, di otros pasos y notè que los cuartos no estaban tan destrozados, mi habitaciòn era la mas dañada, entrè corriendo y busquè por debajo del taburete donde estaban mis llaves, abrì la puerta intacta de mi ropero, saquè una maleta y comence a llenarla de ropa, no habìa pasado por ahì el fuego o no habìa llamdo la atenciòn de los soldados invadir un ropero, ¿còmo no guarde libros en èl? pense mientras llenaba la maleta, la cerrè con mucho esfuerzo  y la arrastre por el piso, camine hacia la recàmara de mis padres y entonces me quedè petrificado ante el umbral de la puerta.
          -¡Señorito Ralec!- Gritaron las dos jovencitas que limpiaban y cocinaban en mi casa, me habìan pegado un susto de muerte, y con otro grito les respondì: -¡¿Còmo es que estan ustedes aquì?!, con tartamudeos me respondieron que se habìan encerrado en la alacena que tenìa puerta de metal, mi madre insistiò durante años a mi padre de que la alacena debìa conservar los alimentos y la habìan instalado unos meses antes, tenìa llave y era casi una caja fuerte de alimentos, ellas habìan encerràdose en la alacena que ademàs estaba en el cuarto de ollas y sartenes, ese si habìa sido destrudio al caerse el techo de la cocina, Prina y su gemela Malì, eran de familia campesina y habìan servido a la casa durante casi diez años, eran de mi edad y cuando eramos niños jugabamos a escondernos por toda la casa, al parecer habìa servido de mucho, les habìa salvado la vida.
         Les contè a las gemelas del campamento de refugiados en la parte norte del Templo Azul, ellas habìan permanecido en la casa todo èste tiempo  me soprendìa con cada cosa que me contaban del ataque, escucharon gritos durante dìas y se habìan terminado toda la alacena desde hace varias semanas, habìan estado buscando comida enlatada en otras casas, pero siempre regresaban a la nuestra como refugio y guarida en el caso de que los soldados regresaran, las invitè a que me llevaràn a la biblioteca, pero al llegar a la puerta me di cuenta de que todo estaba destrozado, el escritorio habìa sido roto con golpes, las estanterìas estaban en el piso, lomos y lomos de libors, todos quemados; pero habìa un cuadro en la pared que no se habìa màs que humeado, estaba clavado en las cuatro puntas y era una pintura de la ciudad, en la parte de arriba estaba un gran libro dorado iluminando el cielo de Literia, me quedè mirandolo durante un par de segundos y las gemelas me sacaron del transe: -Joven Ralec, no ha quedado mucho de su casa, esperamos que sus padres esten con vida en otra parte, nuestros padres seguro murieron durante la invasiòn; el padre de ellas era soldado y su madre era hija de campesinos; el cuadro me llamaba muchìsmo la atenciòn, asi que apile varias estanterìas hasta que lelguè a la altura del cuadro y me colguè de su marco dorado, el cuadro se arrancò haciendo un boquete en cada perforaciòn de su esquina y al lelgar al suelo las gemelas extendieron sus amnos para ayudarme a ponerme de pie: -Joven Ralec, tenga cuidado, las paredes estan muy fràgiles con tantos tumbos que le dieron los invasores. Entonces mi mirada quedò vacìa, habìa una puerta de madera en la pared justo detràs del cuadro de la ciudad, tenìa una cerradura vieja y era probable que mi padre se hubiese llevado la llave.

Guerra Literiana part 2

         Desde lejos notaba el resplandor de las fogatas, la algarabìa por la llegada de la noche a nuestra escombrosa ciudad, risas, pues no existìa la vida sin ellas, no podìamos frenar la evoluciòn y menos podìamos quedarnos llorando y entristecidos por siempre.
         De mi familia ya no supe màs, mis padres y mis hermanos abordaron el tren un par de noche antes de la invaciòn, parecìa como si supieran que ocurrirìa, pero no me dejarìan al cuidado de los negocios si hubiesen sabido que la ciudad serìa tomada, se llevaron muchas cosas, era un viaje largo, el hermano mayor de mi padre habìa muerto y debìamos ir a los funerales, pero yo, el hijo mayor debìa quedarme en Literia a cuidar de todo, de nuestra casa, de nuestra tienda, ¿Què hubiese yo deseado màs que haberme ido con ellos, y estar a salvo en otra parte?, aunque no sabìa si realmente el tren llegò a su destino o fueron interseptados durante el viaje, pero eso ya no era importante, mi vida estaba aquì en mi ciudad natal, que pedìa ser rescatada.
          La abuela me veìa con mucho interès y me preguntaba si habìa tenido suerte èsta tarde:
-Ralec, ¿has tendio suerte? Dime que has encontrado algo- Me dijo con gran entuciasmo, solo le pude responder con la cabeza negativamente y sin pensar màs en lo sucedido pregunte por la cena; Anatura y las otras mujeres habìan preparado una gran olla de lentejas y los cazadores habìan atrapado unas liebres en el campo, era de las mejores cenas que tendrìamos en semanas, lentejas y carne, mi cuerpo se sentìa agradecido con los alimentos pues apenas y habìa desayunado algunos frutos, que recolectabamos todas las mañanas de los cultivos sobrevivientes a la invaciòn, comì a prisa para poder ayudar a los demàs a preparar los dormitorios. El templo Azul habìa conservado su parte norte intacta, era un edificio grandìsimo lleno de monjes que se preparaban, era una especie de escuela y en la parte norte se encontraban los dormitorios, la parte central y sur habìan sido completamente destruidas, de la biblioteca ni decirlo, aunque aùn no me habìa posado por esos lugares, estaba completamente seguro de que La Abuela estarìa por ahì tratando de encontrar alguna señal de nuestra historia.
         Eramos poco mas de cuarenta sobrevivientes, muchas mujeres y la mayorìa eramos personas que nos habìamos quedado sin familia, algunos al enterarse de la invaciòn se habìan ido con lo poco que pudieron cargar a otras ciudades, los monjes habìan sido enviados a el Templo Azul de Puerto Primero, un dìa antes de la invaciòn, todos sospechabamos que los habìan atrapado en el camino, pues los monjes sabìan mucho sobre Literia, quizàs los mataron a todos o quizàs algunos huyeron, era difisil saber algo en este tiempo ostìl, debìamos prepararnos para el invierno, no tenìamos alimentos, granos, no tenìamos nada. Algunos sobrevivientes por las mañanas trataban de ir a sus casas a buscar objetos que nos sirvieran en nuestra nueva casa, el Templo Azul, pero yo en los ùltimos dìas no habìa siquiera considerado pisar las propiedades de mi familia, la bùsqueda de libros era mi prioridad, y ahora tenìa uno en mi morral.
        Extendimos las pocas sàbanas y frasadas sobre los colchones del piso, en un pabellon dormìan las casì treinta mujeres y en el otro estabamos los hombres, los cazadores eran  señores acostumbrado a la vida ruda, no sentìan incertidumbre por lo que nos ocurrìa, parecìan sujetos mecànicos que se encargaban a diario de recolectar comida. Gaudo, su hijo y sus dos hermanos Treco y Rinjo eran campesinos, sus chozas habìan sido incendiadas durante la invaciòn, la  esposa de Gaudo enfermo durante el tiempo que estuvimos escondidos y muriò, Treco y Rinjo eran solteros y casi de mi edad, aunque el tipo de vida que llevaban en el campo mostraba a unos sujetos mayores, no tardabamos mucho platicando antes de dormir, pues en ocaciones sus plàticas estaba muy limitadas a cosas del campo que me adormecìan, los cazadores eran los primeros en rendirse y comenzar a roncar, eran nueve sujetos mayores y sus mujeres eran las encargadas de la comida, terminaban exaustos despùes de la jornada y casì me sabìa de memoria las historias que contaban cuando cenabamos alrededor de las fogatas, la mayorìa de los hijos de ellos eran soldados y habìan muerto en batalla, defendiendo inutilmente la ciudad, excepto Canio, Brico y Judreo, los soldados que llevaron a todos al refugio.
         Lepel podrìa decirse que era mi mejor amigo del grupo, era muy cayado y casi siempre le sacaba las conversaciones a cucharadas, estudiabamos juntos y toda su familia muriò, èl al igual que yo andaba por la plaza cuando escuchò los disparos , y cuando despertè en el refugio era de los muchos que lloraban y gritaban, su padre era de los sabios de Literia, blanco inmediato de los invasores, nuestros soldados no habìan logrado defendernos y la ciudad fue tomada, aùn no entiendo como La Abuela me encontrò.
        Habìan tres hombres mayores, hijos de familia de sabios, no estaba seguro de que lo fuesen, pues fueron aniquilados todos, pero casi no hablaban, se limitabana conversar entre ellos y con las mujeres mayores, en el otro pabellòn estaban sus esposas quienes tampoco hablaban mucho, la ùnica que hacìa platica y nos hacia bromas era la Abuela, Lectiora, mi padre siempre hablaba de ella, era una mujer muy inteligente y su esposo habìa muerto muchos años atràs, me salvò de ser pisoteado por las personas que intentaron salvarse durante la invasiòn, siempre vestìan y olìa muy bien y era ella la que nos habìa acogido como sus hijos, podrìa decirse que habìa puesto algo de orden en medio del caos que surgiò en el refugio.
      

Guerra Literiana part 1

       Habìan pasado tres meses desde que la guerra terminò, Literia habìa sido destruida casi por completo, los edificios habìan colapsado, algunos templos se habìan resistido a los embates, pero el fuego habìa calcinado sus paredes, las casas estaban hechas escombro; algunos habìamos huido hacia los refugios cercanos a los Montes Bibliecanos y aùn estando allì el abrazador fuego de la batalla nos habìa hecho sucumbir de pies a cabeza a todos los que nos resistìamos a ser el sèquito de esclavos del ejercito de Ignoratia, esa tierra de bàrbaros que habìan destruido todo lo que tenìamos; el progreso de nuestro pueblo, mataron a nuestros sabios, al menos a los que con patriotismo defendìan nuestros conocimientos, muchos otros se rindieron y se fueron con los soldados a esa lejana tierra que les prometìa una vida diferente.
       La abuela estaba muy cansada, pero en conjunto con otros refugiados, habìan logrado ya, hacer habitable la parte norte del Templo Azul, yo en cabio, seguìa sumergido en los escombros de las bibliotecas y archivos de Literia, tratando de encontrar algo que nos sirviese para rescatar nuestra ciudad o al menos dar impulso a que en unos años renaciera y recuperara su esplendor, esplendor por el cual los Ignoratios habìan venido a buscar nuestros grandes tesoros y que erroneamente lo confundìan con magia y hechicerìa, de ser cierto, nuestros sabìos la hubiesen usado y se hubiesen defendido y logrado detener al ejercito enemigo.
       Era increible, parecìa que habìan tomado todos y cada uno de nuestros libros y habian hecho desparecer el contenido de èstos, habìan lomos por doquier, pero ninguno conservaba pàginas, encontre cuadernos vacìos que antes de la guerra quizàs estuvieron nuevos y por eso carecìan de palabras, pero era lo mismo, libors sin pàginas o cuadernos sin usar, era como si nuestra ciudad jamàs hubiese escrito en todos sus años de gloria, como si nunca hubiesemos inventado nada, como si nunca hubiesemos tenido un òrden; odiar era algo muy malo, pero la furia que sentìa por los Ignoratios, era muy parecida al odio.
       Los tenues rayos del ocaso, anunciaban mi despedida a la Biblioteca Principal de Literia, màs de una semana y no habìa encontrado huella impresa de nostros mismos, quizas le darìa un dìa mas de esperanzas a mi bùsqueda, pero entre tanto escombro, papeles quemados y maderos con olor a sufrimineto no habìa pies de la grandeza de èsta hermosa ciudad. Salì por la puerta principal que fue tirada a golpes y baje por el pòrtico de marmol del edificio, las calles me revelaban su impotencia ante el paso del ejercito enemigo, si hubiesen podido defenderse, quizàs se los hubiesen tragado, como cuando algo desaparece y pensamos que la tierra se lo ha tragado para nunca revelarnos que estuvo ahì.
        El Templo Azul no estaba muy lejos de la biblioteca, muchos edificios hermosos que ahora eran ruinas impedìan transitar las calles con comodidad, pero no era nada dificil con un poco de equilibrio y esfuerzo, esquivar montones de piedras, paredes y escombros, algunos saltos y de pronto, bajando una montaña de escombros resbalè, rodè boca abajo ensusiandome la ropa y raspàndome la piel de las muñecas y al detenerme y abrir los ojos tirado en el piso, como una revelaciòn estaba ante mì, quizàs sabìa que andaba tras ellos y esperaba a que ocurriera èsto, ¡un libro!, habìa un libro ante mì, sin parsimonia lo tomè aùn estando acostado en la tierra y lo intentè abrir.
         Estaba durìsimo, parecìa de piedra, el libro no dejaba que yo abriera su pasta, era de piel, la textura me lo indicaba, pero no podìa ojearlo, quizàs debìa llevarselo a la abuela, pero esa mujer que me habìa salvado la vida al tomarme entre la multitud que pisoteaba a todos ante la alerta de invaciòn y me habìa arrastrado hasta el refugio tenìa algo en su mirada que no acababa de convencerme, era amabilìsima, preparaba unos huevos exquisitos y todas las noches nos contaba historias a los del refugio para que no pensaramos en la catàstrofe y pudieramos dormir tranquilos, podrìa llevarselo y decirle que estaba pegado o podrìa ocultarlo entre mis pocas pertenencias.
         La noche ya abrazaba las calles, me puse de piè y me sacudì el polvo de los escombros de la ropa, guarde el libro en el morral y seguì mi camino hacia la parte norte del Templo Azul, para reunirme con los otros.