En una época pasada, dónde los hombres eran mas osados y aventureros, dónde los valientes eran héroes y los cobardes simples sujetos, existió un príncipe, un príncipe muy peculiar, ya que los príncipes estaban destinados en su tiempo a ser heroicos, a ser tenaces, a ser miembros de órdenes reales, donde al pasar el tiempo se convertirían en reyes y gobernarían con toda la sabiduría y habilidades que habían adquirido.
No era el caso de Enriel, él era un príncipe diferente, él era el heredero al trono de Forjonia, el reino del rey Raclovio, rey valiente, que había rescatado a su pueblo en diferentes combates, había logrado sacar a los invasores y con sus conocimientos en herbologìa y ciencias humanas, habia logrado detener una terrible epidemia, pero esos tiempos de pesadumbre habían temrinado para el reino, al menos hasta esos días en los que Raclovio gozaba de buena salud, pues con el pasar de los años, los actos de valentía y heroísmo terminaban por consumir a los reyes que habían sido en su juventud, esos legendarios príncipes de historias cargadas de valores, aventura y hazañas, donde rescataban a las princesas y damiselas en peligro, esas historias donde los hombres se hacían acreedores del término.
Raclovio, si buen padre había sido con sus hijos, no lo había sido al educar a Erniel el mayor de dos, debido a su carácter heroico lo había sobreprotegido a de todos los peligros, había evitado que se fuese de cacerías, que luchase contra delincuentes y había impedido que surcara los mares en búsqueda de riquezas para el reino, no asì con Moreo, hijo menor, quién hacía todo lo que a su hermano le estaba impedido por el padre.
Pero Erniel no había sido privado de todas esas aventuras en vano, Husamara, la profeta del reino al nacer el hijo primogénito de Raclovio, habìa presagiado su muerte en edad temprana y éste al temer por su herencia lo había aislado del mundo de la aventura, pero compensado esa libertad con los mejores maestros de la época, Erniel era un artista verdadero, pintaba, esculpía, escribía poesía, sabía de herbolaria y tantas artes de su tiempo a las que pocos quizás tenían acceso a una, pero él podía hacerse del conocimiento a su antojo debido a su condición profetizada.
Moreo idolatraba a su padre por no tenerlo cautivo como a su hermano mayor, por lo que siempre andaba por todas partes de aquellas lejanas tierras, él era una venturero, un soñador, un buscador de tesoros y acredor de su propia riqueza, las únicas enseñanzas que compartían él y su hermano eran las del uso de la espada, eran extraordinarios espadachines, aunque Moreo siempre ponían en práctica sus habilidades y Erniel no.
Moreo había partido a las islas lejanas pues decían que había un monstruo que las aterrorizaba, por lo que quería ser el salvador de dichos lugares, así que emprendió un viaje y se despidió de sus padres, al poco tiempo el rey Raclovio quizás por tristeza o por el resultado de su juventud tan extrema ya extinta, cayó en debilidad, muchos fueron los remedios de Erniel por sanar a su padre, pero con el paso del tiempo, éste solo empeoraba, Raclovio envuelto en una agonía que no parecía tener fin, sentencio a Erniel al heredar su trono, poniéndole como único requisito que se casara con una princesa verdadera, princesa digna de ser reina de Forjonia, como lo había sido su madre, y para ello, después de burlar las profesias de su muerte, era momento de convertirse en un caballero y emprender un viaje en búsqueda de su propia princesa, Erniel sintió lo que los hombres llaman temor por primera vez y el hombre que lo había protegido de los temores era quién ahora lo orillaba a enfrentarse a éstos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario