Jimoteo salió disparado hacia dónde la luz reinaba, y al atravezar unos arbustos, Erniel quedó sorprendido; en el claro había una sola torre, altísima, que pasaba por mucho las copas de los árboles, medía quizás 30 metros de altura o más, la princesa Amarena estaba muy seguramente en lo alto de la torre custodiada o quizás simplemente sola en medio de la nada. La torre lucía muy antigua, tal vez fue hecha desde el siglo pasado, tenía un color mohoso y no se veían indicios de alguna puerta cercana, Erniel bajó de su caballo y comenzó a cortar la hierba alrededor de la torre, quizás habría alguna pista de como llegar hasta la parte mas alta, cortó y cortó durante horas y poco a poco el claro se notaba mas limpio, pero Erniel comenzaba a cansarse sin resultado alguno, de pronto, notó que la luz del sol era cada vez menor y que el ocaso se aproximaba, así que tomo algunas ramas, de su saco algunas mantas y montó una tienda para pasar la noche.
Con destreza logro hacer una fogata al pie de la torre y ató a Jimoteo en unas piedras prominentes de un costado de la enorme construcción, Erniel sentía mucho pavor, estaba ahí sumergido en el centro de un bosque lejano a casa, buscando a una princesa, con su padre enfermo y probándose así mismo lo valiente que podía ser, conforme la penumbra se apoderaba del lugar, Erniel sentía el cansancio en sus hombros, le deseo buenas noches a su leal bestia y entro a dormir a su tienda.
De pronto una luz verdosa quemaba los párpado cerrados del príncipe, Erniel abrió los ojos y notó una heladés extraña, el clima le oprimía el pecho, salió de su refugio y su sorpresa fue total, había una mujer de rostro hermoso y cabellos grises caminando alrededor del claro, Erniel notó su vestimenta y se notaba rota y gastada, ¿Princesa Amarena? preguntó el joven y la mujer se aproximó hacia él.
-¿Quién eres tu extraño? cuestionó en un tono casi susurrante la mujer.
-Soy Erniel príncipe de Forjonia y vengo a rescatar a la princesa que se encuentra cautiva en ésta lejana torre. La mujer comenzó a reír a carcajadas y su apariencia cambio de pronto a ser la de una horrible anciana que al dejar de reír volvió a ser la hermosa figura que Erniel contemplaba.
-¿La Princesa dices? intrigó a Erniel. Jamás ha existido tal cosa en éstos lugares, mi nombre es Joboga, reina de la noche y custodia de los secretos de ésta torre, ¿sabes?, quizás llegaste un poco tarde Joven Príncipe, pero la última damisela que estuvo aquí fue mi sobrina y fue rescatada por un habilidoso sujeto que logró burlarme tendiéndome una trampa y desde entonces vago sin rumbo por éste bosque.
Erniel sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo, era un espíritu, seguramente era de la bruja que capturó a la princesa o a la damisela o quizás era parte de los embrujos que la madrastra había colocado en el bosque.
-Pues no te creo nada, y ¿sabes? subiré a esa torre y sé que hasta ahí arriba estará mi futura esposa esperándome.
-¡Vaya que eres imprudente! replicó la mujer, deberás marcharte cuanto antes si no quieres sufrir una muerte dolorosa.
Erniel abrió rápidamente los ojos, estaba sudoroso y angustiado, todo parecía haber sido un sueño pero al sentarse escuchó un sonido de la noche que no le agradó del todo, estaba seguro que era el aullido de un lobo, salió de la tienda y notó que podría amanecer en cualquier momento, el mal sueño aún lo tenía perturbado y no dejaba de imaginar a la mujer que se le había aparecido, entonces el aullido cada vez mas cercano lo puso en alerta y despertó a Jimoteo, se subió al lomo y entonces lo vio venir, era un lobo gigantesco, ¡Un Huargo! le dijo a su fuiel bestia y entonces el canino aulló a unos metros de donde Erniel se encontraba, el animal corrió al ataque hacia Jimoteo quién lanzó un sonido de queja al resoplar, entonces Erniel tiró de las riendas con mucha fuerza y el caballo comenzó la carrera, el lobo los perseguía de cerca y la luna aún iluminaba el cielo, Erniel daba vueltas en círculos alrededor de la torre y su depredador los perseguía, Erniel tenía el rostro empapado del sudor de tantos nervios y sentía que su amigo no podría ganarle la contienda al feroz lobo que mostraba las fauces y gruñía mientras mas era la proximidad, el joven sabía que la única solución era enfrentándolo, entonces, de la espalda hacia el frente sacó su espada y en un requiebro dejó de rodear la torre para alejarse de ésta, el huargo, siguió la ruta y Erniel se aventó de la montura.
Lentamente veía como se aproximaba a las fauces de su rival, el príncipe caía en diagonal con el impulso de la galopada de Jimoteo ahora lejos de él, empuñó su espada hacia el frente y al colisionar ambos, la filosa arma atravesó el hocico del lobo y el brazo de Erniel casí se sumergió en las profundas y funestas mandíbulas, giraron en el piso y Erniel cayó de rodillas junto al cuerpo destazado del atacante, la sangre del animal escurría por el filo de la espada y se combinaba con el sudor de la frente del empoderado caballero, Erniel se puso de pié y bajo él algo crugió.
Lentamente la mañana despejaba las tinieblas del claro y a patadas y jalones el jóven arrastraba el cadáver de su atacante para limpiar la superficie que mostraba vacío bajo él, el animal era muy pesado pero logró moverlo, al cortar la maleza de donde la bestia estuvo notó una armella grande en el piso y por mas que intentó no pudo abrirla, ató una cuerda a la manzana de la montura y con la fuerza de Jimoteo se arrancó una puerta de madera gruesa y desgastada, a sus pies tenía unas escaleras, se encontraba a unos diez metros de la torre y estaba seguro de que ésa era le entrada.
El príncipe fue a toda velocidad hacia la casi extinta fogata y tomo un leño aún encendido, tomo hojarascas y se hizo de una antorcha para entrar en el túnel lejano a la torre que apuntaba a ser la entrada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario